El futuro del empleo

¿Hacía dónde se dirige el mundo profesionalmente hablando? ¿Trabajaremos en el futuro? Si la respuesta es si, ¿quién trabajará? ¿los más inteligentes? ¿los más pobres? O quizás, como apuntan otros ¿equipos cohesionados por experimentados “GEFES”?

 

A estas alturas del partido mucho se ha dicho y escrito sobre el trabajo y los empleos del futuro. A priori, podría parecer que está por llegar  un gran cambio, y revolución tecnológico-digital, que efectivamente puede hacer que miles de trabajos, incluso  profesiones, literalmente desaparezcan. En  realidad ese proceso no está por llegar, está irremediablemente ya  en pleno curso.

 

Si nos remontamos en la historia encontraremos, obviamente, otros momentos en los que los cambios tecnológicos (evolución o no, ese es otro cuento) crearon nuevas formas de ver y hacer en términos profesionales en  distintas sociedades. Momentos que, como los que vivimos actualmente, no fueron fáciles para muchos y contra los que tantos más lucharon, pero que sin embargo, con más o menos “víctimas” a sus espaldas, dieron como resultado nuevas estructuras profesionales y sociales.

 

Podríamos entrar en  detalles sinuosos con decenas de ejemplos, pero baste recordar lo que  supuso en materia socio-laboral el nacimiento del “factory-system” en la industria textil,  llevada a cabo en la primera revolución industrial allá por la segunda mitad del siglo XVIII. Hasta ese momento, -y visualicemos esto por un instante-,  los tejidos y el hilado generalmente se realizaban en los hogares.

 

Mención especial cabe dedicar al nacimiento de la imprenta, toda una revolución cultural a partir de 1450. Hasta ese momento, los libros eran realizados en copias manuscritas por amanuenses, obedeciendo al encargo del  clero, reyes y nobles. La mayoría de estos amanuenses eran monjes, copistas de signos que no todos comprendían, puesto que no todos sabían leer y escribir. Cada uno de esos trabajos podía llegar a durar  años.

 

Y llegamos a nuestros días.

 

La revolución actual tiene  como principal característica, nada más y nada menos, que el hecho de englobar en uno solo a los dos principales  trazos de sus predecesoras: por un lado revolución industrial y por otro revolución cultural. Y esto cambia algo las cosas.

 

Cambia las cosas porque no afecta a una parte de la población en lo profesional  y a toda la población en lo social. Afecta a toda la población en lo profesional y a toda la población también en lo social. Las revoluciones previas variaban la forma de trabajar. Pero, ¿tiene ésta, quizás, la posibilidad de  eliminar el trabajo como tal? Si así fuese, ¿tiene eso que ser, forzosamente, algo negativo?

 

Día a día contemplamos como sofisticadas máquinas y robots se van introduciendo, cada vez más, en fábricas y factorías. Igual suerte  observamos, en todo  aquello que tiene que ver con procesamientos de datos, con la incorporación constante de software más evolucionado.

 

Esto nos conduce a una situación de estudio, ya que empieza a cuestionarse, como decíamos previamente, si efectivamente este proceso destruye masivamente empleo o no.

 

Aunque una primera corriente de la economía apunta la cuestión como una obviedad, otras defienden que, como sucedió en el pasado, se destruyen unas fuentes pero sin embargo se generan nuevas.

 

Si se confirma lo que postulan los primeros, es obvio que la cuestión a resolver es la re-colocación de los empleados, o incluso, como también se sugiere, plantear la posibilidad de establecer rentas básicas a la población.

 

Si por el contrario, la segunda corriente es la que está en lo cierto, el ciclo se repetirá como en el pasado cerrando el círculo profesional pero (Hay afortunadamente un pero) porque, tal y como se apuntaba al inicio de esta breve exposición, esta revolución técnico digital – sea cual sea la corriente que tenga razón y  se  destruyan o se  reconviertan los empleos – viene acompañada por un profundo cambio socio-cultural. Especialmente en el terreno de las humanidades. Un cambio que venimos adaptando desde hace ya unos años en favor de economías más sustentables, amigables con el medio ambiente y una filosofía económica win-win, acuñada por la denominada generación X.

Ahí es donde radica, probablemente, el “quid de la cuestión”.

 

Es en este punto de inflexión donde se produce el cambio real de paradigma. Es aquí y ahora donde, efectivamente, cada día van a ser más necesarios profesionales  muy experimentados en su terreno para que gestionen -no las máquinas ni los robots- sino la emocionalidad de los equipos laborales y obtengan lo mejor de ellos. Ejerciendo como “GEFES”, término utilizado para identificar a líderes capaces de obtener beneficios en términos económicos  y simultáneamente  GEstionar la FElicidad del grupo.

 

¿Imaginan un pequeño cachorro  herido, abandonado  en mitad de una lluviosa y  fría noche de invierno? ¿Sienten como, totalmente empapado, busca algo de calor y cobijo entre las hojas húmedas? ¿Oyen como tiembla asustado?

 

Lo podemos imaginar, sentir y oir, por nuestra condición de humanos. Gracias a la capacidad exclusiva del ser humano de sentir emociones, de la emocionalidad. Las emociones son reacciones psicofisiológicas.  Las emociones alteran la atención, modifican nuestra conducta y activan redes en la memoria. Los sentimientos son el resultado de las emociones.

 

¿Y qué quiere decir  gestión de la emocionalidad?

 

Sir Alexander Chapman Ferguson, fue director técnico del Manchester United desde 1986 hasta 2013. Inició esa dirección cuando contaba  45 años de edad  y concluyó con 71. Dicho sea de paso, para los que aún apuestan por “jubilar” a todos los que peinan canas. A lo largo de ese período,  gestionó con total efectividad la emocionalidad de un equipo que logró, nada más y nada menos que  38 títulos entre los que, por supuesto, hay campeonatos tanto nacionales como internacionales. Esto, sólo lo puede llevar a cabo una persona, con la experiencia y emotividad suficiente como  para cohesionar la energía individual de cada elemento con las emociones del conjunto, conduciendo así a los equipos humanos a sus metas.

 ¿Con cuál categoría de ‘Jefes’ o ‘Gefes’ te identificas más?  

Conrado Sánchez Ródenas

Nacido en Barcelona, Conrado es un Cooldys de 51 años quién trabaja como Export Area Manager en América Latina, y reside en Argentina. Anteriormente trabajaba como Relaciones Públicas en en el Parlamento Internacional de los Estados Para la Seguridad y la Paz, en Buenos Aires. También ha servido como Relaciones Institucionales en Radio de las Naciones Unidas en Argentina, y como Oficial de Notaria en Barcelona. Actualmente es estudiante de escritura, radio y doblaje; también colabora en programas de radio en Argentina.

 

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