Menorca, vicio mediterráneo

Menorca es integral, enamora tanto por sus pueblos y su cultura como por sus calas, su vegetación y su fauna. Llegues por mar o por aire, te recibe su mejor embajador, un mar de mil azules. Una vez dentro, encinas y garrigues pueblan la isla al igual que sus hermanas pitiusas. Puro mediterráneo.¿Lo mejor de todo? Que se trata del envoltorio, un precioso decorado que aguarda mucha vida en él. En Junio se concentran gran parte de las celebraciones, en definitiva, tradiciones construidas paso a paso por muchas generaciones. El ambiente festivo se respira en sus calles encaladas, en los mercados populares y en las calas donde se descuentan los días a base de sol y pomada.  Los días transcurren implacables y se abre la veda con la fiesta des Be. Una vez l’Homo des Be carga en sus hombros al cordero, recorre descalzo las calles del centro de Ciutadella, representando a San Juan Bautista. Para llegar ahí, el afortunado cordero ha sido tratado con el mayor de los cuidados para que todo se muestre perfecto para la ocasión. Tras su procesión, no es poca la gente que se acerca a colocarle lazos y acariciar al animal. Una experiencia única reservada para los locales y algún que otro turista. A partir de aquí, el turismo empieza a multiplicarse hasta duplicar el número de habitantes. El veintitrés está marcado en rojo en todos los calendarios de la isla. Se celebra la fiesta de Sant Joan, patrón de Menorca, desde el siglo XIV. Caballos, cruces y jaleo. Entre la multitud agrupada en el ágora se abren camino los caixers, a lomos de sus caballos. Vestidos de blanco y negro demuestran sus habilidades hasta llegar al clímax. El corcel ya está a dos manos – símbolo de fuerza y nobleza – y despierta los aplausos de la gente. Las casas se abren a todos, corre la ginebra y el limón (cuidado, la mezcla puede ser peligrosa, por deliciosa y fácil de beber) y la gente come, come mucho. Se podrían escribir decenas de libros con los detalles de esta tradición centenaria. Pese a todo, en Menorca la fiesta no está únicamente en la calle, también en sus mares, sus montañas y sobre todo, su gastronomía. La típica sobrasada, el queso de Mahón, sus ensaimadas, la mejor verdura y por supuesto, un pescado único. Y aquí paramos, como se tiene que parar frente a una obra de arte. A disfrutarla no sólo con la mirada. Con la piel, con el paladar y la nariz: paramos delante de la Caldereta. Un sueño que muy pocos meses – los meses sin r, dicen los de allá – se puede degustar. Almendras, ajos, pimiento verde, cebolla – muy poca, un cuartito, o no – tomate y un ingrediente que, por respeto a la cocinera, no podemos revelar. Y por supuesto, la langosta. Un proceso basado en el respeto al producto, a este animal que nos permite saborear algo único. Cazuela de barro, mortero, fuego lento – slow food, de verdad – y tradición. Porque no se improvisa nada en este plato: vigila el hervor, vigila el coral y la picada, deshazla con amor, sin prisa. Y deja reposar. Si puede ser un día, mejor que medio. Se sirve con pan tostado. Acompáñalo con un buen cava. O con agua, o con vino. Y come tranquilo, disfruta del momento. Para bajarlo, un buen chapuzón o un paseo por esas calles que te hablan y te piden que las trates con respeto, con el mismo respeto que te reciben los menorquines. Viajar a Menorca, siempre. Y no solo en verano. Los suaves inviernos atraen cada vez más a personas que buscan tranquilidad, reposo, buena vida. Esto es Menorca. Buena vida. Sólo tenemos que sentarnos a tomar unas tapas en el Ulises para alegrarnos de ver a muchos cooldys, autóctonos, compartiendo mesa con europeos, americanos, visitantes de todo el mundo que quieren llevarse un trozo de Menorca. Por suerte, Menorca sigue siendo de los Menorquines. Y que siga así siempre. Disfruta unos días de calma en Menorca en paquete todo incluído  Carlos Morales

CEO de Cooldys. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, especialista en Marketing, más de 15 años liderando y desarrollando proyectos globales de comunicación para multinacionales. Consultor estratégico y comercial para startups y empresas, conferenciante, profesor en Masters en la UB y Blanquerna. Vinculado a varias ONGs y voluntario de AVISMON.


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