La tía Ceci – una Cooldys del siglo pasado

Las personas tenemos que reinventarnos una y otra vez. Sobre todo las mujeres….tenemos que renacer, vivir muchas vidas en una. Muchas veces me pregunto cuántas mujeres Cooldys he conocido en mi vida. La respuesta es muchas. Pero si tuviera que preguntarme cuántas mujeres Cooldys ha habido en mi familia tendría que referirme a una que, si bien vivió en otra época, en otro lugar, en circunstancias distintas a las actuales, fue una verdadera Cooldys, porque tenía esa capacidad, ese don de saber reinventarse.

Su vida transcurrió en una época mucho más triste y gris que la actual. Sin las comunicaciones que ahora nos acompañan, sin disfrutar de esa ventana que se llama internet y que nos pone al día de noticias, de nuevas ideas y sugerencias, de sitios tan interesantes como Cooldys donde informarte de lo último para sentirnos mejor.

Si queréis seguir leyendo ahí van una pinceladas sobre el personaje.

Cecilia

Escribo desde la emoción y en este caso más que  nunca, porque  Cecilia era un personaje único y no sólo en mi familia. Todo el que la conocía se daba cuenta de la personalidad de esta mujer, que se puso el mundo por montera.

Siempre gozó de muy buen humor, a pesar de que la vida no la trató bien. Se enamoró y desoyendo los consejos de hermanos y familiares, se casó con una persona que no le correspondió y la cosa terminó muy mal. Pobre Cecilia, durante años estuvo enseñando a sus sobrinas, los camisones de su ajuar, que guardaba en secreto, por si él volvía.

A pesar de llamarse Cecilia, como la patrona de los músicos, tocaba el piano regular, tirando a mal, pero era la que mejor bailaba el Charleston en toda la provincia de Jaén.

Era muy coqueta. Le gustaba vestir bien y se aclaraba el pelo, pero a todo el mundo le decía que era su color. Se ponía rulos, para estar bien peinada todo el día y, como por entonces no existían, los tuvo que inventar ella. Cortó una caña de bambú, de una escoba,  en secciones, y se los puso en el pelo. No llegó a patentar el invento y perdió los derechos… y muchas más cosas.

resilencia

Le gustaban las plantas, tenía un limonero sembrado en una maceta. Las amigas le decían que nunca florecería porque no tenía luz suficiente. Cuando llegó el tiempo de los frutos,  Cecilia, le colgó limoncillos y flores de azahar, de su ramo de novia, y lo puso en el balcón. Las vecinas, desde abajo, no conseguían ver el truco. Ella les decía: ¿Habéis visto cómo ha florecido mi limonero?  ¡Y hasta tiene limones! Ponía por todas partes platitos con agua y jazmines que perfumaban la casa.

Por último, recuerdo que tenía una caja donde guardaba, con esmero, los retazos de su vida. Era una caja grande, de metal, que antaño fue de dulce de membrillo y en la que había ido guardando fotos de toda la familia. No faltaba ni sobraba nada. Era su tesoro.

No supo nunca el significado de la palabra “resiliencia”, no le hizo falta, ella era la reina.

relatos cortos resilencia Esta mujer supo alegrar la vida de la gente que la rodeó, contagiando optimismo y energía positiva. Supo dejar atrás toda la tristeza que le tocó vivir y rodearse de gente joven con la que se sentía como pez en el agua.

Conservó siempre una mente juvenil porque la mente no envejece, son las limitaciones que nos ponemos nosotros mismos.

Hay que vivir porque nunca es tarde y el tiempo solo se acaba cuando la vida termina. Y hasta ese momento siempre existe una posibilidad para todo.

No sé lo que verdaderamente pensaba de la vida, pero estoy segura que habría hecho suya la frase “la vida es tan incierta, que la felicidad debe ser aprovechada en el momento que se presenta”. No puedo estar más de acuerdo con ella.

 
  • Resiliencia, en psicología: capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas saliendo fortalecido.

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 Ana Murillo

Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajadora incansable. Recién jubilada. Amante del arte, la belleza, las personas que le rodean, en resumen la vida.

 

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