Me voy pa’ Cuba

Nos encanta encontrar ejemplos de sitios donde las generaciones se mezclan, conviven, comparten inquietudes, largas conversaciones, música y ¿por qué no? pistas de baile.

 

Nos encanta comprobar que, a pesar de las delicadas situaciones políticas y económicas de algunos países, la esperanza sigue viva, la ilusión por conquistar otro día, por conocer, por no parar nunca, por ser productivos, por reforzar los vínculos familiares, por superar las barreras intergeneracionales que tanto cuesta romper en otros territorios.

 

Cuba te conquista inmediatamente. No es el intenso azul de los cielos,  ni el mágico verde de sus inmensos bosques. No son los hoteles lujosos, ni la gastronomía de autor, no es el funcionamiento infalible de las infraestructuras, au contraire. Cuba es mucho más, es una sensación de volver atrás en el tiempo, cincuenta o sesenta años, cuando internet todavía no era ni siquiera una idea. Cuando los teléfonos, a veces sí, a veces no. Cuando los coches transportaban a mamá, a papá, a los tres nenes, a la cuñada con sus dos hijos y a los abuelos. Cuando planificar un trayecto era mucho más que consultar un GPS. Y cuando comer era mucho más simple que elegir entre italiano, tailandés o indio, dependiendo de cómo haya ido el día.

 

Cuba te conquista por la sencillez, la humildad, el calor y la generosidad de sus gentes. Te conquista por la fortaleza de un pueblo que sonríe a la adversidad, con una sonrisa que viene de adentro. Del sitio donde no llega el dolor ni la carencia, del sitio donde viven la resistencia y el amor por lo que te rodea, por los que te rodean. Es difícil no sentirse en casa en Cuba. Os proponemos comprar el billete de avión, hacer la reserva de hotel en Cuba y aventuraros a salir y conocer al pueblo cubano.  

Permitid que la gente entre en vuestros corazones, que os cuenten su vida, su historia, la historia de su familia. No hay que preguntar, sólo hay que estar atento, escuchar y abrir tu corazón a este pueblo maravilloso. Una vez que rompáis las barreras de las historias de algún que otro turista desbocado, conectaréis con la profundidad de este país maravilloso donde el ron, el tabaco y la música te acompañan desde el amanecer hasta el amanecer del día siguiente.  

De Cuba se conoce perfectamente La Habana. Ciertamente, es sobrecogedora, mágica, hechicera, noctámbula, sorprendente en cada esquina, un inmenso terreno donde el arte se expresa en cada fachada, en cada portal, en cada escalera, en cada automóvil. Pero no acaba ahí: Cuba es mucho más que La Habana: Santiago de Cuba, Viñales, Cienfuegos, Santa Clara, María la Gorda…cada lugar es diferente, bien distinto, único y especial, donde las plantaciones de caña de azúcar, los cafetales, las plantaciones de tabaco describen un perfil único para un país más único aún.

 

Sorprendente de Cuba es la mezcla. Negros, blancos, mulatos, en un cocktail maravilloso, ardiente, donde no hay conversación banal. Porque en Cuba, la cultura es una obligación: saber quién eres, de dónde vienes y quiénes son tus ancestros es clave en Cuba, del mismo modo que ir a la Universidad, eso no se perdona. Sorprende acudir a La Casa de la Música, uno de los sitios más conocidos de La Habana, donde escuchar de primera mano el son cubano, bailar salsa y tomar unos mojitos, de los que no llevan hielo pilé ni se machacan demasiado, mojitos transparentes, aromáticos y musicales. Sorprende por la diversidad de su público. Chicos y chicas de 20, 25 años, bailan en el mismo espacio que estupendas mujeres de 60 años y sus parejas de baile de 70 años, y donde cubanas de 70 bailan con maestría y sensualidad con cubanos de 30 . No es extraño ni único este hecho, ni por supuesto limitado a la ciudad de la Habana. En cualquier rincón, en cualquier pequeño pueblo, podemos comprobar que hay una generación que se niega a recluirse en sus casas, que se niega a formar parte de la memoria y que insiste en mantenerse activa, viva.

Tenemos mucho que aprender de los cubanos. De sus mujeres poderosas, bellas, inteligentes, curvilíneas, dispuestas a trabajar de sol a sol para sacar adelante a su familia. De sus hombre elegantes, trabajadores, capaces de mantener la alegría en un país golpeado por su suerte en numerosas ocasiones y siempre dispuestos a una buena conversación. Mucho que aprender de la humildad de un pueblo que sigue adelante sin importar el qué.

 

Hace escasos días el huracán Irma dejó un reguero de destrucción a su paso. Y Cuba ha sido dañada, pero no de muerte, porque es un país poderoso, donde la unión de sus familias convierte la debilidad en fortaleza. Donde las familias, muchas de ellas numerosas, cuidan de sus hijos. Hijos que jamás olvidan que tienen que hacerse cargo de sus padres cuando ya el cuerpo no aguante. Irma no ha sido dulce esta vez, ha sido destructiva, terrible, ha sembrado la muerte por donde ha pasado. Pero Cuba sigue en pie, porque es un país de valientes, de luchadores y de gentes con ilusiones, con sueños y con el pragmatismo que los habitantes de otros mundos más prósperos ya han perdido a cambio de bienes (y males) materiales.

 

Porque sus gentes piensan en el aquí y ahora. Piensan en qué comer hoy, porque mañana, Dios dirá. Porque saben que tienen que luchar cada día por traer a casa el sustento, y eso les hace fuertes. Viven en el presente, aunque un huracán se los lleve por delante. Hacen colas, como antes se hacían colas. Con respeto, con calma, sin prisa alguna.

 

A quién le importa un huracán, a quién le importa no tener diez pares de zapatos, veinte trajes, joyas, coches nuevos… A quién le importa, si miro a mi padre y me sonríe mientras entona la más linda melodía con una maestría asombrosa, si miro a mi madre mientras nos cocina un arroz con frijoles, si miro a mis abuelos, si los encuentro, porque tal vez se hayan ido a bailar mientras nos ocupamos del día a día.

 

Claro está, no todo es alegría en Cuba. Miseria, hay. Falta, hay. Desastres naturales y huracanes y tormentas y ciclones, hay. Sin embargo, cuando la familia está unida, cuando el respeto a nuestros mayores se mantiene intacto, cuando nuestros hijos aprenden quién son, gracias a las historias de nuestras abuelas, aparece la magia. La magia del son cubano, del café, del habano liado a mano con mucho cuidado, fumado mojándolo con ron y miel. Porque en Cuba todo es diferente, se mete en tu piel como el primer amor, como el último, como un recuerdo que sabes que te acompañará siempre. Porque la música es un lenguaje y todos lo hablan, mejor que el español o el inglés, que hablan perfectamente. Todos hablan música.

Porque Cuba, más que ningún otro país, tiene artistas que brillan como estrellas. Siéntate a cenar en cualquier sitio, es probable que una cubana hermosa te cante al oído el Dos Gardenias, o su Hasta siempre, Comandante. Recordad a Compay Segundo, que conoció el éxito a sus 90 años. Antonio Machín, Silvio Rodríguez, Bebo y Chucho Valdés, melodías que ya forman parte de nuestro recuerdo. La enorme Celia Cruz, Gloria Estefan, Omara Portuondo y tantos otros Cooldys memorables que han dado su vida para que no nos olvidemos de la grandeza de un pequeño país que no sólo merece ser visitado, que merece ser vivido. No importa la edad, no importa el momento: haz el esfuerzo y cruza el Atlántico, prepárate para una experiencia única, para disfrutar de un paraíso que no tardará demasiado en cambiar, en acercarse a este siglo XXI que nos lleva a todos de cabeza. No perdáis la ocasión de disfrutar de la ausencia de internet. Pocos sitios hay ya en el mundo donde aislarse es todavía posible.

 

Abre tu mente y entrégate a un país maravilloso.

 

¡VIVA CUBA!

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Carlos Morales

CEO de Cooldys. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, especialista en Marketing, más de 15 años liderando y desarrollando proyectos globales de comunicación para multinacionales. Consultor estratégico y comercial para startups y empresas, conferenciante, profesor en Masters en la UB y Blanquerna. Vinculadoa varias ONGs y voluntario de AVISMON.


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