¿Superarán los viajes en realidad virtual a los tradicionales?

Si nos remontamos apenas unos años en el tiempo, muchos de nosotros recordaremos nuestros viajes de infancia. Largos trayectos en coches sin apenas comodidades; maletas, paquetes, bolsas y un sinfín de elementos que impedían -en no pocas ocasiones- siquiera ver lo que sucedía a nuestro propio  alrededor. Mientras, nuestro padre, al volante y cigarro en mano, indicaba metódica y rutinariamente, todos y cada uno de los pueblos por los que, como siempre, íbamos pasando.

 

Tras enésimas paradas para repostar y estirar las piernas, llegábamos a destino algunos cientos de kilómetros después, sanos y salvos, y obviamente, con la necesidad de descansar varios días de semejante aventura. Más que viajes eran proezas y nuestros padres, madres y abuelos obviamente héroes de generaciones que soñaban con esas salidas, que en contadas ocasiones (incluso incontadas ocasiones) tomaron un barco o un avión.

 Afortunadamente sobrevivimos, por esas cosas de la vida, del destino o de pura casualidad, nuestra generación vive en un mundo en el que, gracias a  avances tecnológicos gestados y promovidos por aquellos mismos padres y abuelos, hoy viajar es algo que se ha convertido en una especie de nutriente del cuerpo y del espíritu.

Nuestros 50 años nos reciben con los brazos abiertos, la mente extraordinariamente despierta y formada culturalmente,  y un físico absolutamente comparable al de  nuestros antepasados con 30. Es una bendición que sin duda debemos aprovechar.

 

Y es una bendición que podamos hacerlo en primera persona.

 

En el pasado World Mobile Congress se empezaron a mostrar las últimas tecnologías sobre realidad virtual. Sencillamente apasionantes. Navegar por el Nilo en una barcaza, mientras se desliza lentamente sobre la superficie del agua propulsada apenas por unos remos que uno mismo maneja. Presenciar, sentado ahí mismo en el suelo, la danza de una escena tribal en Tanzania. Alzar la vista hasta al cielo desde los pies del Cristo Redentor en Río de Janeiro y en ese mismo punto observar arrogante el Morro del Pan de Azúcar. Mirar a ambos lados antes de cruzar – literalmente de forma virtual – la Quinta Avenida en su confluencia con Central Park en New York.

 

Pero es virtual y aquí de lo que se trata es de sentir.  Sentir aromas, sonidos, sabores, colores, incluso los silencios. Sentir la distinción de cada una de las distintas culturas y de sus gentes. Caminar sus calles, sus campos, aldeas, navegar literalmente sus ríos, mares, degustar sus platos y sus caldos; escuchar sus opiniones, pensamientos, añoranzas e ilusiones.

 

Nos encontramos, de forma más o menos habitual con la dificultad de poder ubicar un país – incluso una provincia – en un mapa. Menos aún sus identidades, sus tradiciones. Nada, absolutamente nada puede sustituir el encuentro. La sonrisa de un anfitrión que espera complacernos. Incluso el desaire de un lugareño con un mal día a sus espaldas. Eso es viajar y eso es lo que apasiona a la Generación COOLDYS, viajar sintiendo. Disfrutar del camino caminando.

 

Nadie es el mismo ni nada es lo mismo después de  cualquier viaje, Después de visitar otra ciudad, otro país. Nadie es el mismo después de conocer otras culturas.  Es absolutamente imposible incorporar elementos de sentimiento en un viaje virtual.

 

Sólo quien ha visitado la Alhambra de Granada puede haber escuchado su embrujo. O el duende de la Giralda de Sevilla, el aroma de la hierba húmeda en Galicia, o de su pulpo a feira. De cómo es de especial un paseo por el Duomo de Milán, su Catedral, su Ópera y sus tranvías.

 Así es y así se siente. Somos la Generación elegida para ser la primera en iniciar este camino hacia una vida enriquecida a través de nuestros viajes. Elegida para transmitir la idea de que entender al otro e incluso a nosotros mismos, se hace patente mediante el conocimiento de esas otras culturas que, paradójicamente, muchas veces es la nuestra propia, o su origen.

 

Es absolutamente fantástico aterrizar en Buenos Aires y ver su centro histórico como una cuidada copia fiel del centro de una ciudad europea. Porque fueron europeos quienes la poblaron. Porque estuvieron ahí dejando su huella y cuando se escuchan sus tangos o se degustan sus platos entonces paladean las raíces que son comunes. Sólo estando ahí podremos sentirlo, saborearlo, vivirlo.

  También en este terreno somos sin duda una generación afortunada.   Descubre nuestras ofertas de viajes para la generación Cooldys

Queremos conocer tus vivencias por el mundo. Déjanos tu opinión y ayúdanos  a consolidar la primera de muchas Generaciones  COOLDYS viajeras.

Escrito por: Conrado Sánchez RódenasNacido en Barcelona, Conrado es un Cooldys de 51 años quién trabaja como Export Area Manager en América Latina, y reside en Argentina. Anteriormente trabajaba como Relaciones Públicas en en el Parlamento Internacional de los Estados Para la Seguridad y la Paz, en Buenos Aires. También ha servido como Relaciones Institucionales en Radio de las Naciones Unidas en Argentina, y como Oficial de Notaria en Barcelona. Actualmente es estudiante de escritura, radio y doblaje; también colabora en programas de radio en Argentina. 

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